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Los nombres de Dios en el Indoeuropeo y en el Semítico.
Rubens C. Romanelli.
Separata N° 18 de la Revista de la Universidad Federal de Minas Gerais, Belo Horizonte (Brasil), diciembre 1968/1969.
11  páginas. (141-151).

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El presente estudio aspira a ser una breve historia de la idea de Dios. No obstante, él constituye más una tesis Lingüística que de Historia. Lo Escribimos, es verdad, con el fin de trazar la historia de la idea de Dios, pero, en vez de estudiar esa idea, investigando en la evolución del pensamiento religioso de los pueblos, nos propusimos estudiarla, investigando en la evolución del sentido de las palabras designativas de la Divinidad, en las lenguas que integran las dos más importantes familias lingüísticas del mundo: la familia indoeuropea y la semítica. Es en éstas, indiscutiblemente, que la idea de Dios aparece más evolucionada o, si lo prefieren, más libre de elementos antropomórficos.

A pesar de que muchos pueblos indoeuropeos y semíticos alcanzaron un nivel de civilización y cultura superior a la de otros pueblos, debemos notar que todos ellos son o fueron monoteístas. Algunos fueron politeístas, otros, henoteístas, pero, no por eso, dejaron de tener un designativo o nombre común para todas las Divinidades constitutivas de su panteón. Es de ese nombre genérico, y no de los nombres de cada Divinidad en particular, que nos ocuparemos aquí, siempre que nos refiramos a pueblos politeístas o henoteístas.

Trataremos de agrupar los nombres, no según el criterio de las afinidades etimológicas, sino según el criterio de las afinidades semánticas, sin dejar, por eso, de remontar, en cada caso, a la raíz, o sea, a aquel elemento último, al que se reduce, morfológica y semánticamente, el vocablo.
A través de cada agrupamiento, se evidencia que, en la gran mayoría de los casos, el nombre de Dios es precisamente el nombre designativo, de aquel  entre los atributos divinos, que más afectó la sensibilidad o la imaginación de los creyentes, en cada pueblo.
De ésto resulta que cada pueblo contempla la Divinidad bajo un prisma diferente.
Para unos, Dios se distingue por su munificencia, y entonces es llamado "el dispensador, o distribuidor de las gracias". Para otros, Él se caracteriza por su intangibilidad y pureza, designándolo como "el sagrado, el santo".
Para éstos, Dios impresiona por su beneficencia, nombrándolo como " el benefactor". Para aquellos, Él se destaca por su Eternidad, y entonces es concebido como "el que existe siempre". Aquí, Él es respetado por su soberanía, y se lo denomina "el Señor". Allí, es conocido por su bondad, y entonces se lo designa como "el bueno, el excelente". Acullá, es venerado por su espiritualidad, y por ende llamado "el espíritu por excelencia".

Examinemos cada una de esas diferentes maneras de sentir o de concebir a la Divinidad, mediante el estudio de los diferentes nombres con que ella es designada en nada menos que cuarenta lenguas, entre vivas y muertas:


1. DIOS COMO "EL CELESTE".

De los nombres designativos de la Divinidad, en el domino indoeuropeo, los más difundidos reposan en una forma nominativa única, *deiwos, portadora de la noción de "el celeste". Formada por la raíz indoeuropea *de (brillar,refulgir, centellar) y completada por el sufijo adjetivo "wo".
Tenía ese radical, primitivamente, el sentido de "brillante, luminoso". Posteriormente, en cualidad de epíteto, sirvió para designar el "cielo", noción de la cual se desarrolló, en el lenguaje religioso, la de "cielo como Divinidad" y, por lo tanto, la de Dios. Literalmente, entonces, Dios era "el Celeste", por oposición al hombre concebido como "el terrestre". Esa oposición hombres/dioses, resultante de la oposición terrestre/celeste es, más allá de eso, muy antigua, como se observa en varias lenguas, en las cuales la palabra denominativa del "hombre" significa, etimológicamente, "el terrestre". Véase, por ejemplo, el latín "homo", el gótico y el anglosajón "guma", el lituano "zmogús" y el tocario B "saumo".
Del radical indoeuropeo *deiwos "el celeste" se derivan, a través de las más variadas transformaciones fonéticas, los nombres de la Divinidad, en las siguientes lenguas:

a) Sánscrito "deváh", al cual corresponde el avéstico "daeva". En el avéstico, sin embargo, el radical se especializó con el sentido opuesto, es decir con el de "dios del mal, demonio", inversión semántica que recuerda al viejo mito del ángel caído, cuya historia coincide con la expresión hebraica, "bem-xahar" (hijo de la aurora), que San Jerónimo tradujo como Lucifer, literalmente, "portador de la luz".

b) Latín "Deus", de donde se da en francés "Dieu", en italiano "Dio", en español "Dios", que es en el portugués "Deus". De la evolución fonética normal de *deiwos apareció en el latín el adjetivo "Divus", de donde salió el femenino substantivo "Diva" (Diosa), el adjetivo secundario "divinus" (Divino) y, de éste, el derivado verbal "divinare" (adivinar).

c) Antiguo irlandés "Dia", con el cual concuerdan, etimológicamente y semánticamente, el címbrico "duw" y el británico "Doué".

d) Antiguo nórdico o escandinavo, "Tivar", nombre plural, ya que el simple singular está fuera de uso.

e) Lituano "Dievas". De idéntico origen y sentido son el letonio "dìevs" y el antiguo prusiano "deiwas", con el cual concurre la variante "deiws".


2. DIOS COMO "EL DISTRIBUIDOR, EL DISPENSADOR".

En las ramas del iranio y del eslavo, la idea de Dios surgió de la de "distribuir, repartir, dividir". Dios, es, en efecto, "el Distribuidor, el Dispensador de las gracias", aquél al cual incumbe, dentro de las viejas concepciones religiosas del hombre, hacer la repartición de los dones de la vida. Esa idea ya estaba implícita en la primitiva acepción de la raíz indoeuropea *bhag, que era "particionar, repartir, determinar la parte o la porción de".
Paralelamente al sentido radical de Dios, como "el Distribuidor, el Repartidor", aparece, en el dominio indoiranio, el de "Señor, Dueño" (cfr. el sánscrito "bhágah" y el avéstico "baga"), considerándose que, efectivamente, sólo el Señor, el Dueño dispone de medios para "distribuir, repartir, agraciar".

a) Avéstico "baga" ( Dios, Señor), nombre al que corresponden, por la forma y por el sentido, el medio y el nuevo persa "bag".

b) Antiguo eslavo eclesiástico  *bogu (Dios), con el cual se relaciona el búlgaro "bog", el serbocroata "bog", el checo "buh", el ruso "bog"  y el polonés "bog", todos de igual sentido.


3. DIOS COMO "EL INVOCADO".

En el dominio germánico, la idea de Dios resultó de la especialización de una forma nominativa neutra del participio pasado indoeuropeo, *ghutos, derivado, del sufijo "to", de la raíz verbal  *ghau (clamar, llamar, invocar), sentido sobreviviente en los cognados sánscrito "hávate", avéstico "zavaiti", el antiguo eslavo eclesiástico "zivati". La forma germánica, en la cual se convirtió el participio *ghutos, es *guda  y ésta asumió, en el vocabulario religioso, el sentido de "el Invocado", ésto es, "el ser que se invoca, aquél a quien se ruega", en el acto de la oración. Esa especialización del sentido ocurrió en las tres ramas del germánico, es decir, en la oriental, en la septentrional y en la occidental:

a) Gótico "gub" (Dios).

b) Antiguo islandés "gud" (Dios), o dinamarqués "gud" y el sueco "gud", todos de idéntica significación.

c) Antiguo alto alemán "got", que, a través del medio alto alemán "got", vino a culminar en el moderno alemán "Gott", todos con el sentido de "Dios".

Algunos filólogos, inducidos por la semejanza de la forma, relacionaron falsamente, sin consideración alguna hacia la fonética histórica, las palabras germánicas que expresan la idea de "Dios" con las que traducen la idea de "bueno", como el gótico "guds", o el dinamarqués, o el sueco y el anglosajón "god", o inglés "good", o holandés "goed" y el alemán "gut", que se corresponden a otra raíz, *ghedh y *ghodh (unir).


4. DIOS COMO "EL SAGRADO, EL SANTO".

La raíz indoeuropea "dhes", ya empleada, en el propio indoeuropeo común, en acepciones religiosas,  generó en el armenio un derivado con el sentido de "Dios". Se trata del nombre plural "did", salido de "dheses", que se traduce como "Dioses". El sentido radical del "sagrado, santo", sobrevive en los cognados itálicos, como lo atestiguan el acusativo osco "fiísnam" (templo) y el latín "fanum" (< *fasnom) que significa "lugar sagrado, templo",  "feriae" (< *fesiae), significando "días de reposo (en
honra a los dioses) ", "festus", generalmente unido a "dies", para designar, originariamente, los días de festejos religiosos.


5. DIOS COMO "EL BUENO".

Al lado de "deváh" (Dios) (v. n° 1, letra a),  designación del panteón indiano, posee el sánscrito otro nombre, "vásuh" (Dios), no tan frecuente como aquél, pero de uso también corriente, tanto en la literatura védica, como en la clásica. Se trata de una substanciación del adjetivo "vásuh"
(bueno), que se liga a la raíz indoeuropea *wesu,  de igual significación.
El sentido radical de "bueno" y de sus grados, "mejor" y "óptimo", se mantienen en los cognados iranios, célticos, germánicos y eslavos, como se ve en el avéstico "vahya" (óptimo), medio persa "veh" (mejor, óptimo), nuevo persa "bih" (bueno, mejor), antiguo irlandés "fo" (bueno), gótico "insiza" (mejor) y antiguo eslavo "unje" (mejor).


6. DIOS COMO "EL ESPÍRITU BENEFACTOR".

Para nombrar a la Divinidad, el sánscrito empleaba, además de "deváh" y "vásuh", ya vistas, la palabra "súrah", de curiosa historia. Sobre la raíz indoeuropea *an (respirar), se construye una forma que es una prolongación, *ansu,  con el sentido de "respiro, soplo vital", de la cual el sánscrito dió el substantivo "ásu" (hálito vital, respiro, aliento), de
donde salió "espíritu" y, de aquí, con el sufijo abstracto "ra", el derivado "ásurah" (espíritu malhechor, demonio), forma con la cual concuerda el avéstico "ahura" - (v. n° 7, letra b) (Señor, detentor del poder). El "a" inicial de  "ásurah" fue erróneamente interpretado como el prefijo privativo "a". Efectivamente, se pensó que la palabra estaba
compuesta de un nombre, "súrah", al cual se le hubiese antepuesto el privativo "a". A partir del momento en que se aceptó ese falso análisis etimológico, la palabra "súrah" que jamás existiera, pasó a existir, con el sentido evidentemente opuesto, al de "ásurah", es decir con el sentido de   "espíritu benefactor,Dios". Y fue realmente con esa significación que la palabra entró en circulación en la literatura sánscrita.


7. DIOS COMO "EL SEÑOR".

Gracias a la influencia eclesiástica, se generalizó, en las lenguas europeas, el uso de la palabra "Señor", para designar a la Divinidad. No se puede, sin embargo, pretender que el nombre de Dios, como "Señor", sea una noción puramente cristiana, o mejor dicho, bíblica, copiada del hebraico del Antiguo Testamento. En verdad, los autores de las versiones griega y latina del Antiguo Testamento se servirán de la palabra griega "Señor" y de la latina "Dominus" también "Señor", para traducir el hebraico "Adonai"  (v. letra a abajo) y, no es raro, también el hebraico "Yahweh" (v. n° 10, letra a).
No debemos olvidar , sin embargo,  que la designación de "Señor", para la Divinidad, ya aparece en la literatura religiosa del Avesta, con una antigüedad, por lo tanto, superior a tres mil años. Aplicada a la Divinidad, la idea de "Señor" trae la connotación de "Amo" y es por así sentirlo y entenderlo que el creyente se coloca delante de Él en la condición de "vasallo" , para testimoniarle mejor su sumisión y humildad.

Muchas son las lenguas en las cuales Dios es tratado como "Señor", pero en ninguna de ellas esa noción , etimológicamente hablando, tiene algo en común con cualquiera de las otras. Cada  cual toma la noción de "Señor" de un origen diferente, aunque, en todas ellas, la exclusión de las lenguas
indoiranias, el nombre de Dios, como "Señor", es, como se vio más arriba, una copia semántica del hebraico.

a) Hebraico "Adonai" (Señor), tratamiento dado a la Divinidad en el lenguaje de los profetas y tradicionalmente empleado en la liturgia de las sinagogas, para sustituir el nombre inefable del Dios de Israel (v. n° 10, letra a). Se trata de un plural mayestático del nombre "Adon" (Señor), al cual se juntó un sufijo  de 1ª persona del singular, de donde surge, literalmente, "mi Señor". Se compara con el fenicio "Adonai" (Señor mío), de "Adon" (Señor), del cual tomó el griego el nombre de su Divinidad mitológica, "Adonis".

b) Avéstico "Ahura" (Señor, detentor del poder), de allí "Dios". La palabra irania es afín al sánscrito "ásurah" (v. n° 6). El nombre "Ormuzd" o "Ormazd", con el cual se designa, en el Occidente, a la Divinidad del Mazdeísmo o Zoroastrismo, resultó de una contracción del avéstico "Ahura Masdah" (Dios del Bien) que, en la concepción dualista de Zaratrusta o Zoroastro, se opone a "Ahriman" (Dios del mal).

c) Fenicio y Cananeo "Ba'al" (Baal), literalmente "Señor, amo, patrón, dueño", empleado con el sentido de Dios, conforme se lee en el Antiguo Testamento (Juicios, 6:25).  En babilónico, "Bal", de idéntico origen y valor semántico.

d) Griego eclesiástico "Kyrios" (Señor, Dios), literalmente, " quien tiene autoridad, que tiene poder, soberano, dueño", de "autoridad soberana, poder de hacer o no hacer", de una forma nominativa indoeuropea *kuros (hinchado, robusto, fuerte, héroe), agregado a la raíz indoeuropea  *keu (hinchar) del sufijo "ro".

e) Latín eclesiástico "Dominus" (Señor, Dios), literalmente "dueño de la casa", de *domo-no-s, derivado del sufijo "no" de la forma nominativa indoeuropea *domos (casa), grado curvado de la raíz *dem (construir). De *domos salieron también, con el mismo sentido, el sánscrito "dámah" y el griego "dómos". Al lado de las formas de radical en "o"" , hubo, en el indoeuropeo, formas de radical "u", como comprueban el latín "domus" y el antiguo eslavo eclesiástico "domu", también "casa".

f) Inglés "Lord" (Señor, Dios) , del anglosajón "hlaford", "hlafweard", "el guardián del pan", de "hlaf" (de allí el inglés "loaf") (pan ) y "weard" (de allí el inglés "ward") (guarda, vigía, guardián).

g) Portugués "Senhor", del latín seniore(m) (más viejo),  acusativo del comparativo de superioridad del adjetivo "senex", "senis" (viejo), de la raíz indoeuropea  *sen(o), de igual sentido.  La raíz está bien representada en varios de los dialectos en que se fragmentó la primitiva unidad indoeuropea: sánscrito "sánah", avéstico "hana", armenio "hin", griego "hénos", antiguo irlandés "sen", lituano "senas", todos con el sentido radical de "viejo".

h) Romano "domn" (Señor, Dios), del latín "dominu(m)" (v. letra d arriba).  La palabra romana propia para designar la Divinidad es "dumnezeu", que es el resultado de la contracción de los términos de una expresión vocativa latina, "domine deus" (Señor Dios). El segundo elemento del vocablo contrato, "zeu", salido del latín "Deus"  (v. n° 1, letra b), es usado apenas para denominar al Dios de los paganos. En cuanto al primer elemento, "dumne", es una variante de "domn", pero todavía con la desinencia del vocativo latino.


8. DIOS COMO "EL ESPÍRITU POR EXCELENCIA".

El nombre genérico con que en el panteón helénico se designaba a la Divinidad era "theós", nombre oriundo de una forma antigua, salida de *dhwesos de la raíz indoeuropea *dhwes, "dhewes", prolongación de la raíz *dheu ( esparcir, dispersar "el polvo, el humo", soplar, aventar). De la idea de "viento, soplo" surge la de "espíritu", según se verifica en algunos cognados, como el lituano "dvasià" y el medio alto alemán "getwas" (espectro, fantasma), de donde sale"espíritu" y, de aquí , "espíritu por excelencia, Dios". La noción de "espíritu, alma" resultó, en la mayor parte de las lenguas, de una vieja metáfora de la humanidad, según la cual el espíritu o alma es como "un respiro, un viento, un soplo". Se compara al sánscrito "átman" y "pránah", al griego "psukhê" y "pnéuma", al latín "anima" y "spiritus", al romano "suflet", al noruego "ondi", "andi", al antiguo eslavo eclesiástico "dusa" y "duch", con los cuales se relacionan el búlgaro "dusa" y "duch", el checo "duse" y "duh", el serbocroata "dusa" y "duch", el ruso "dusa" y "duch", el polonés "dusza" y "duch", todos con la significación primaria de "respiro, soplo".


9. DIOS COMO "LA DIVINIDAD POR EXCELENCIA".

Un simple monosílabo sirvió, desde tiempos inmemorables y desde un extremo al otro del dominio semítico, como radical portador de la idea de Dios. Es el monosílabo "El", de vocalismo alternante, de lengua a lengua, y de sentido irreductible. Vanos e infructuosos han sido los intentos de explicar el sentido abstracto de la palabra, a partir de una noción concreta. Siempre y por todas partes, ella significó "Dios", como la comprobación de que esa idea es realmente irreductible.

a) La forma "El" ocurre en cananeo, con el sentido de "el Dios" y, en hebraico, con el sentido de "el ser Divino". Es a veces usada en la Génesis, en expresiones como "Él Elyon" (Dios altísimo) y "El Shaddai" (El sad'i) , literalmente, "Dios de las Montañas", más traducido en la Vulgata por "Dios Omnipotente". Con frecuencia, aparece también como elemento final de antropónimos bíblicos , tales como Dani-el (Juez de Dios), Gabri-el (hombre de Dios), Gamali-el (recompensa de Dios), Isma-el (Dios escucha), Isra-el (combatiente de Dios), Jo-el (Jehová es Dios), Rafa-el (Dios curó), Salati-el (supliqué a Dios), Samu-el (escuchado por Dios), Emanu-el (Dios con nosotros).

b) Al lado de "El", ocurre, en el hebraico del Antiguo Testamento, el nombre "Elohim", plural mayestático del hebraico "Eloah", así como del cananeo "El". A pesar de ser una forma de plural, "Elohim" designa, como enseñan los textos de Ras-Shamra, el "Dios Único".

c) En acadio, el radical semítico se presenta con otro vocalismo, tomando la forma "Ilu".

d) En arameo bíblico, el nombre de la Divinidad es "Elah", con vocalismo radial, por lo tanto, normal.

e) En siríaco, el nombre es "Allaha" y su estructura recuerda a la del árabe (v. letra f abajo).

f) Finalmente, en árabe "Allah", de "All-Ilah" "el Dios por excelencia", forma en la cual "al" es simplemente el artículo definido árabe aglutinado al nombre.
En la conocida fórmula de profesión de fe del Islamismo, el nombre de la Divinidad aparece dos veces, una sin artículo y otra, con el: "la ilah illa Allah", ésto es, "no hay otro Dios, más allá de Alá". El nombre ocurre también en la interjección portuguesa "oxalá", del árabe "in sa" a Allah, literalmente, "si Dios quiere".


10. DIOS COMO "EL EXISTENTE".

a) Al lado del plural hebraico "Elohim", ocurre, en el Pentateuco, la forma "Yahweh", vocalización del tetragrama sagrado "Yhwh", letra a letra: - yod, heth, waw, heth- , y cuya verdadera interpretación es todavía enigmática. La tendencia dominante entre los más eminentes hebraistas es la de interpretar el nombre hebreo de la Divinidad, según sugiere el propio texto bíblico, como una forma de 3ª persona del singular del imperfecto del verbo hebraico "hwh" (ser), vocalizado "hawah", o más correctamente, "hayah". El nombre "Yahweh", puede, así, ser  traducido, bien con el valor verbal intransitivo de "El es", "El existe", bien con el valor verbal causativo de "El hace ser", "El hace existir". En sentido intransitivo, es "Yahweh" el mismo que, en el Antiguo Testamento, se define como "el autoexistente", "el que existe siempre", "el Eterno":  "Ehyeh o 'aser' eheyeh", esto es, "Yo soy quien soy" (Éxodo 3:14). En sentido causativo, "El" puede ser definido como el  "Creador del Mundo".
La forma Jeová (Jehová), bajo la cual es más conocido el Dios de Israel, es híbrida, porque resulta de una combinación del puro consonantismo primitivo de "Yhwh", con el vocalismo de "Adonai" o (v. n° 7, letra a).
Fue creada para evitar que se pronunciase en vano el nombre sagrado, conforme recomienda el Decálogo (Éxodo 21:7): "Sem ha meforas", que significa "el nombre del Señor es inefable".

b) Al hebraico "Yahweh" corresponde el babilónico "Ahiah" (Yo Soy), forma verbal también tomada, as veces, como nombre de la Divinidad.


CONCLUSIONES.

De las investigaciones que emprendimos en el vocabulario indoeuropeo y semítico, pueden formularse las siguientes conclusiones:

1. Se reducen a diez, de las cuarenta lenguas investigadas, las ideas fundamentales en que se basan los nombres designativos de la Divinidad.

2. En la mayor parte de los casos aquí tratados, esos nombres consubstancían una metáfora o translación del sentido.

3. En algunos casos, los nombres resultaron de una interdicción vocabular y, como tal, se clasifican entre los viejos tabúes lingüísticos.

4. Los diferentes atributos bajo los cuales los pueblos indoeuropeos y semíticos concibieron a la Divinidad pueden coexistir en el mismo SER y son perfectamente compatibles con la idea del DIOS ÚNICO de la concepción Cristiana.



ACLARACIONES DE TRADUCCIÓN:

- Se denominan "cognados" a aquellos vocablos que perteneciendo a diferentes idiomas, tienen el mismo significado y se escriben de manera similar o parecida.
Ejemplo: "excellent" en inglés y "excelente" en español.

- Cfr. (Del latín) Abreviatura que significa "Compárase, véase".
- Cf.  (Del latín) Abreviatura que significa "Compárase con."

- Sobre la expresión [tocario B "saumo"]: 
TOCARIO: "Antiguo pueblo asiático. Lengua hablada en dicho pueblo. Es una lengua indoeuropea del Turquestán Chino, descubierta en manuscritos del primer milenio d.C. Lengua posiblemente extinta."
Si bien se identificó el término "tocário" para su traducción, no pudo definirse la significación de la "B" que lo acompaña en la expresión del escrito original en portugués, que dice:  "tocário B saumo". Habiéndose traducido el portugués "tocário" por tocario, y considerándose a "saumo" como un vocablo del lenguaje tocario, lo único que quedó sin traducción es la "B", cuyo sentido aún no pudimos determinar.


 

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